Bienestar animal sobre la mesa: Industria acuícola

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Bienestar animal sobre la mesa: Industria acuícola

Acercarnos a la forma en que viven los peces, sus dinámicas de especie y supervivencia bajo el mar, no es tarea fácil. Solemos tener cierto contacto con otros grupos de animales como las aves y los mamíferos, pero nuestra poca cercanía física con el mundo marino, ha hecho que nos preguntemos con menor frecuencia por su capacidad para sentir dolor y sufrimiento, o por su habilidad de conciencia. Más aun, poco nos han dicho sobre los efectos de la pesca intensiva en el ecosistema y sobre las repercusiones que esto puede tener en el medio ambiente y por tanto en nuestra salud.

En el mundo académico y de la acuicultura, ha habido una amplia discusión acerca de la afirmación que los peces no sienten dolor. A este respecto, el profesor Donald Broom del Departamento de Medicina Veterinaria en la Universidad de Cambridge[1], afirma que hay evidencias que demuestran que algunas especies de peces como los cefalópodos y decápodos, tienen habilidad perceptiva, sistema adrenal y del dolor, respuestas emocionales, memoria a largo y corto plazo, memoria compleja y aprendizaje social, así como las áreas cerebrales necesarias para estos procesos como médula y tálamo. Adicionalmente, se ha demostrado que los peces poseen los mismos tipos de receptores especializados para la detección de estímulos nocivos como también lo hacen las aves y mamíferos[2] .


En el marco de esta discusión, uno de los estudios más controversiales y que por tanto más impacto ha tenido en esta discusión es Do Fish Feel Pain?, realizado por un grupo de investigadores en Inglaterra en el año de 2003[3]. Esta investigación buscaba confirmar la hipótesis según la cual los peces sentían dolor, identificando la presencia de receptores y fibras nerviosas necesarias para detectar eventos dolorosos, que posteriormente les permitió asegurar que un estímulo doloroso da lugar a una actividad en el sistema nervioso de los peces.

Encontraron que los peces responden a cualquier cosa que los dañe, y dado que los seres humanos muestran actividad cerebral a través de imágenes de resonancia magnética en diferentes zonas, algunas de las cuales también poseen los peces, se llegó a concluir que estos tienen las estructuras del sistema nervioso que comprenden y responden al dolor. Los investigadores crearon un mapa detallado con más de 20 receptores del dolor presentes en la cabeza y boca de los peces, incluyendo esas pequeñas áreas penetradas por el anzuelo.

 


El comprender que otros seres vivos sienten dolor y tienen respuestas emocionales y sensoriales similares a las nuestras, nos hace preguntarnos y replantearnos sobre la forma en que los tratamos, los percibimos y los usamos. Ahora bien, ¿qué se ha dicho sobre los efectos medioambientales de la pesca masiva?

De acuerdo con un reporte de la FAO[4] (Food and Agriculture Organization of the United Nations) realizado en 2006, para el año de 1980 solo el 9% de los peces consumidos por los seres humanos provenían de la acuicultura; hoy el porcentaje se acerca al 43%. La evaluación global más reciente realizada por ésta organización respecto a la población de peces marinos salvajes, relata que de los cerca de 600 grupos de especies que supervisa, el “52% están enteramente explotadas, mientras que el 25% están o bien sobreexplotadas (17%), agotadas (7%) o recuperándose del agotamiento (1%)”. Esta es una de las principales razones por las que las capturas en medio silvestres han disminuido y la cría controlada ha aumentado significativamente.

Este cambio en las dinámicas de consumo, que en general, se traduce en una mayor demanda y en una intensificación de la producción acuícola, ha tenido un impacto significativo en la vida marina. Una de las huellas ambientales más grandes, está asociada principalmente con la toxicidad generada por metales pesados descargados en el agua, produciendo alteraciones importantes en la fauna de los fondos marinos y las comunidades de flora.

Entre tanto, los cultivos de camarón a gran escala han dado lugar a la degradación física de los hábitats costeros, por ejemplo, a través de la conversión de los bosques de manglares y la destrucción de humedales, la salinización de los suministros de agua para la agricultura y el hundimiento de la tierra debido a la extracción de agua subterránea. El referenciado informe de la FAO, se afirma que el impacto de estas formas de producción intensiva seguirá aumentando si no se lleva un manejo y planeación adecuados de estos sistemas, y particularmente, si el uso ineficiente de los recursos y suministros químicos no son prohibidos[5].

En concordancia con lo anterior, cabe mencionar un reporte reciente de la WWF (World Wildlife Fund)[6] y la Sociedad Zoológica de Lóndres[7], el cual reveló que el número de peces y otros animales acuáticos disminuyeron en un 49% entre 1970 y 2012. Algunas poblaciones de peces se han visto golpeadas aun con más fuerza, por ejemplo el atún, los jureles y bonitos, que han disminuido progresivamente hasta en un 74%. De acuerdo con esta investigación, la principal causa de esta reducción es la muerte masiva por la sobrepesca; así como, el cambio climático, el cual está causando la acidificación y cambio de temperatura de los océanos del mundo y que resulta siendo considerado como un problema mayor.

No hay duda de que dejar a los animales fuera de nuestro plato es una de las decisiones más efectivas que podemos hacer cada uno de nosotros para ayudar a la recuperación de los peces. Por eso, para esta rúbrica traemos la receta de unos Summer Rolls Veganos como alternativa a los aperitivos con comida de mar:

Ingredientes para 4 personas:

 

 


  • 1 paquete de papeles de arroz

  • 1 aguacate

  • 2 pimentones rojos.

  • 1 paquete de tofu

  • 2 zanahorias medianas

  • 1 pepino grande

  • 1 manojo de cilantro


  •  


Para la salsa:

 

 


  • Salsa de soja

  • 1 cucharada de mantequilla de maní

  • Una pisca de polvo picante (opcional)


  •  


Preparación:

 

 


  1. Cortar las zanahorias y el pepino en julianas, el aguacate en cuadritos y picar el cilantro finamente.

  2. En un sartén con un poco de aceite de oliva o de coco, poner el tofu en trocitos a sofreír por unos minutos. Hacer lo mismo con los pimentones rojos cortados en julianas.

  3. Para la salsa, poner en un mezclado la cucharada de mantequilla de maní con 1/3 de taza de salsa de soja y la pizca de polvo picante.

  4. Una vez listos los ingredientes, se ponen en un plato para que cada persona arme sus summer rolls a su gusto.

  5. Se toma un papel de arroz y se introduce en un plato amplio con agua hasta que quede empapado y suave. Se pone el papel mojado sobre un plato seco, sobre el que se armará el summer roll poniendo zanahoria, aguacate, pepino, pimentón y el tofu. Se enrolla el papel con las verduras y se remoja en la salsa.


  6.  

 

 

Mª Isabel Aristizábal Bustamante


[1] http://www.neuroscience.cam.ac.uk/directory/profile.php?dmb16
[2] Broom D.M. (2001). – Evolution of pain. R. Soc. Med. Int. Congr. Symp. Ser., 46, 17-25.
[3] Braithwaite, V. (2010). Do fish feel pain?. Oxford university press.
[4] http://www.fao.org/newsroom/en/news/2006/1000383/index.html
[5] http://www.fao.org/fishery/topic/14894/en
[6] http://www.wwf.org.uk/about_wwf/press_centre/?unewsid=7673
[7] http://www.zsl.org/science/news/crisis-in-global-oceans-as-populations-of-marine-species-halve-since-1970

 

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